Euskadi, una enciclopedia geológica

Sakoneta, Deba


En la costa oeste de Guipúzcoa hay una singularidad que sumar a sus numerosos atractivos paisajísticos, naturales y culturales, se trata del geoparque de la costa vasca. A lo largo de los 8 kilómetros de costa de los municipios guipuzcoanos de Mutriku, Deba y Zumaia, encontramos acantilados y pequeñas playas, en una zona muy poco urbanizada. Esta fachada pétrea está formada por innumerables capas delgadas de sedimentos que abarcan un registro fósil que comienza alrededor de los 105 millones de años (Ma), mientras que los más recientes datan de 50 Ma. Estas sucesivas lascas de sedimentos endurecidos y claramente diferenciados, que se formaron en los fondos marinos profundos, se denominan Flysch. Este término deriva del alemán flissen que significa fluir o deslizar. 





Cronograma geológico de la costa vasca

Las capas pétreas más antiguas se encuentran en la zona de Mutriku y Deba, son de un color negruzco, se formaron entre los 105 y los 100 Ma, al final del Cretácico Inferior. 

Detalle de las rocas en bajamar en la playa de Santiago de Deba


En ese momento la Península Ibérica no existía, era una isla que emergía entre las placas de África y Europa y que tenía grandes lagos de aguas someras en el interior. Entonces había un clima tropical por lo que cerca de superficie prosperaban densos arrecifes de coral. En esa época se elevaron las montañas calcáreas que separan Guipúzcoa de Álava.


Zonas emergidas de Iberia, hace 75 Ma



Entre los 100 y los 50 millones de años, en la transición del Cretácico Superior al Eoceno, los fenómenos erosivos fueron acumulando capas de sedimentos en un mar que se tornó profundo. Progresivamente se fueron depositando unas encima de las otras, hasta alcanzar un espesor de 5.000 metros, amontonándose a más de 1.000 de profundidad. 


Flysch del Paleoceno en Aitzuri



El peso de los sedimentos junto a la alta presión provocada por la profundidad, aceleraron los procesos de petrificación, dejando atrapados numerosos restos fósiles que nos permiten datar el momento de la formación de cada estrato.


Zonas emergidas de Iberia, hace 50 Ma



Entre los 40 y los 2 millones de años, entre el Oligoceno y el Plioceno, la deriva de las placas tectónicas hizo que esa isla ibérica primigenia chocara con la placa del continente europeo, provocando la elevación de los Pirineos y cerrando el golfo de Bizkaia. Las inmensas fuerzas tectónicas retorcieron, rompieron y levantaron las capas de flysch petrificadas en vertical.

A partir de los 2 millones de años, en el Cuaternario, de las profundidades marinas emergió un nuevo relieve costero que la erosión se encargó de modelar hasta dejar el paisaje que hoy conocemos. Recapitulemos, hoy tenemos 8 kilómetros ininterrumpidos de capas petrificadas, perfectamente diferenciadas, que contienen fósiles en su interior que nos ayudan a entender la historia geológica, de este rincón del planeta durante más de 50 millones de años. Por tanto, tenemos a la vista un gran libro enciclopédico que nos muestra como era Euskadi entre el Cretácico inferior y el Plioceno. Estas singularidades favorecieron que en 2015, esta área se incluyera en la Red Europea y en la Mundial de Geoparques. 




El estudio de este libro geológico permitió validar varias teorías. Cuando se descubrió una capa llena de cenizas e iridio, un metal muy pesado y escaso en la corteza terrestre, pero muy abundante en los meteoritos. Cuando su datación determinó que se formó en el entorno de los 65,5 Ma, justo cuando se produjo la extinción de los dinosaurios y el 70% de los seres vivos que había en el Cretácico tardío y el Terciario. Cuando estas mismas características y su datación coincidían con las de otros tres puntos diferentes en el planeta, todo apuntaba que un evento de nivel planetario, como un impacto de un meteorito, era el responsable de la extinción de los dinosaurios. Otras capas han permitido documentar periodos geológicos singulares como el supercalentamiento del inicio del Eoceno o la ciclicidad astronómica de Milankovitch.

Además los abundantes restos arqueológicos encontrados en estos valles verdes, seccionados por ríos que desembocan al mar formando pequeñas rías, demostraron que fueron un hábitat propicio para el asentamiento de nuestra especie, en el paleolítico. Nuestros ancestros encontraron un clima templado por el mar, agua y caza en abundancia, además disponían de abundantes abrigos y tenían acceso a los productos del mar. 

Otro aliciente geológico más, solo hay de desplazarse 50 km dirección sur, ganar altura y llegar hasta las modestas cumbres calcáreas que separan Guipúzcoa de Vizcaya para descubrir que las abundantes lluvias han formado una zona kárstica con grandes cuevas, abiertas por ríos subterráneos donde se han encontrado numerosos restos fósiles de la megafauna, que prosperó en el último periodo glacial, en el Pleistoceno.

Itzurun, Zumaia



Cómo descubrir el flysch de Euskadi

Para visitar este paraíso geológico es recomendable dedicar varias jornadas porque hay muchas cosas que ver. El punto más accesible es Zumaia. Partiendo de sus muelles, Geoparkea oferta diversas excursiones náuticas que siguiendo la línea de la cosa entre Zumaia i Mutriko permiten ver cómodamente las formaciones, mientras un guía nos explica todos sus detalles secretos. Las excursiones salen del muelle Txomin Agirre, muy cerca de la iglesia fortaleza de San Pedro. 


Detalle del flysch en la cala Algorri, Zumaia



Al regreso, es obligatorio caminar hasta la pintoresca ermita de San Telmo desde la cual se domina uno de los mejores y más cercanos rincones del flysch, la playa de Itzurun. Allí hay algunas capas con icnofósiles (restos fosilizados como huellas, madrigueras o túneles, impresos por seres vivos). Se han identificado marcas de Taphrhelminthopsis, una especie de gusanos; de Glockerichnus que dejaron una huella tipo estrella de mar; restos de erizos de mar Subphyllochorda; de Scolicia, otros seres que se arrastraban dejando un rastro alargado y sinuoso; o las marcas dejadas hace 49 Ma por el Saerichnites abruptus, otra especie de gusano blando que se arrastraba por los fondos marinos arenosos. 


Cala Algorri, Zumaia



En medio del acantilado hay otra zona con presencia de arcillas rojizas, que se ha identificado con el máximo térmico del límite del Paleoceno/Eoceno, un periodo que se caracterizó por presentar anomalías en la presencia de isótopos de oxígeno y carbono. Se cree que este evento climático que fue provocado por un periodo de mucha actividad volcánica, aunque “solo” duró 20.000 años, hace 58 Ma. Las generalizadas erupciones provocaron una emisión masiva de carbono a la atmosfera que desató un calentamiento global que implicó una subida de la temperatura media terrestre de 6°C, provocando una extinción masiva. 

Sakoneta



En esta misma zona hay afloramientos de turbiditas, son capas de margas y calizas, intercaladas de capas siliciclasticas, formadas por la acumulación de fragmentos de silicio y cuarzo, que se identifican con el periodo en el que se alzaron los pirineos. Esta zona solo es accesible desde la playa con la bajamar, por lo que hay que ir con cuidado para no quedar atrapados por la marea.

También en Zumaia, justo al lado de San Telmo, está la cala de Algorri, donde podemos visualizar las capas formadas a final del Cretácico. Hay una espectacular sucesión de calizas y margas calcáreas que se depositaron en el fondo marino, a una profundidad de unos 2000 m. En ellas abundan los fósiles de foraminíferos planctónicos (seres unicelulares marinos que tenían una pequeña concha), además hay presencia de los últimos restos los inocerámidos (unos bivalvos que se extinguieron junto a los dinosaurios) y de los conocidos amonites, unos cefalópodos similares a un calamar que crecían dentro de una concha con forma de espiral aplanada. 


Sendero entre Deba y Zumaia



Si el visitante dispone de tiempo y le gusta el senderismo, puede hacer la etapa de Itxaste-Errotaberri, del sendero de Gran Recorrido (GR-121) o el de pequeño recorrido (GI-5001), ambos permiten recorrer la zona de la playa de Sakoneta, un tramo de costa virgen y escarpada, entre los términos de Deba y Zumaia.  

En 1982, este tramo de costa se libró de acoger la central nuclear de Lemoniz, gracias a la oposición del movimiento antinuclear. Justo antes de iniciar la carga de combustible, el gobierno decidió paralizar la nuclear definitivamente. Hoy es una ruta exigente por los fuertes desniveles del ondulado paisaje, pero permite disfrutar de un mosaico, que intercala bosques y pastos, solo alterado por el trazado del Euskotren. 


Mirador de Mendatagaina


Otra ruta alternativa y más corta consiste en ir al pequeño parking situado al final de una estrecha pista asfaltada (43°17'36.8"N 2°19'16.2"W), desde allí hay que subir al mirador de Mendatagaina (43°17'46.1"N 2°19'11.9"W), para asomarse a lo alto de los acantilados.


Detalle del flysch en Deba



Otras opciones accesibles en coche, parten de Deba dirección este, siguiendo la N-634, hay varios miradores que permiten asomarse al tramo de flysch más antiguo. Son el mirador de la Hilandera y el de la Virgen de Itziar. 

Santa María de Deba



Otra opción más apacible consiste en pasear por la playa de Santiago de Deba y la vecina Lapari, poder hacerlo con bajamar permite tocar las formaciones oscuras del flysch. También muy recomendable acercarse a la sorprendente iglesia de Santa María, un templo señero del gótico vasco, con un coqueto claustro incluido. 


Mutriku



La vecina localidad de Mutriku permite pasear por su peculiar casco urbano plagado de edificios blasonados, declarado Conjunto Monumental. Estas tierras son la patria chica de los fósiles de nautilus gigantes. Por último, vale la pena acercarse a Getaria, la ciudad natal de Juan Sebastián el Cano, donde además se encuentra el museo del diseñador de moda: Cristóbal Balenciaga. 


Getaria




El Parque natural de Aizkorri-Aratz

Hayedo de Iturrigorri



Ganando altura en dirección sur, encontramos una modesta pero singular cadena montañosa. En el límite de Guipúzcoa con Álava, se elevan las cimas más altas de Euskadi: el pico Aitxuri (1.551 m), Aketegi (1.548 m), el Aizkorri (1.528 m) y el Aratz (1443 m). Todos ellos están dentro del parque natural de Aizkorri-Aratz. Se declaró en 2006 para proteger 19.331 ha de bosques de hayas, robledales y pastizales de montaña. Allí encontraremos múltiples senderos perfectamente señalizados, como la ruta del camino oculto (PR-GI 3005) que discurre por el hayedo de Iturrigorri; la de los Robles Centenarios de Zalduondo (SL-A 3009), los robles centenarios de Galarreta (SL-A 3008), o el del Paso de San Adrián. Conviene no olvidar hacer una visita al Santuario de Nuestra Señora de Arantzazu, y aprovechar para visitar algunas de sus queserías, ya que este es el reino de la oveja laxa, donde producen los extraordinarios quesos de Idiazábal.


Santuario de Arantzazu



La cueva de Arrikrutz

Detalle de la cueva de Arrikrutz



Para completar la lección de geología, se puede visitar la cueva de Arrikrutz, en Oñati. Hay que llegar al parking de Arrikrutz, después subir andando hasta el edificio de recepción, son 10 minutos. Después hay que seguir subiendo unos metros, hasta la entrada a la cueva. 


Recreación de una osa cavernaria y dos oseznos hibernando, en Arrikrutz


Esta cavidad se formó en el Cretácico inferior, cuenta con 17 km de galerías que esculpió un río subterráneo. Allí se han encontrado restos de la megafauna del Pleistoceno: muchos restos de osos cavernarios (Ursus spelaeus); rinocerontes lanudos (Coelodonta antiquitatis); hienas de las cavernas (Crocuta crocuta spelaea); ciervos gigantes (Megaloceros giganteus) y león de las cavernas (Panthera leo spelaea). 


Reproducción de un esqueleto de león de las cavernas encontrado en Arrizkrutz



Para ilustrar algunos de los restos que encontraron, junto a las pasarelas del recorrido, han puesto reproducciones del león y de los osos cavernarios, cosa que junto a las modestas formaciones de estalactitas y estalagmitas, permiten una buena aproximación al oscuro mundo de las cavernas, al final de la última glaciación.

Deba



Referencias y enlaces


Cuevas de Arrikrutz, Oñati:


Geoparkea Costa Vasca:



Detalle del flysch desde el mirador de la Virgen de Iciar, Deba